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domingo, 25 de diciembre de 2011

#23.- Mas te rascas, mas te pica.

Por una razón que no viene al caso, últimamente no puedo dedicar tiempo al telescopio. Entonces, en los ratos libres me entretengo algunas veces leyendo y ahora le he estado dando vueltas al Principio Antrópico.

Y al viaje de Malaspina.  Hojeo, leerlo sería muy largo, el Diario General del Viaje, de José Bustamante y Guerra, un marino ilustre. Es un poquito pesado, porque es eso, el diario, pero a veces da detalles fantásticos y se hace uno la idea de qué aventura más extraordinaria eran los grandes viajes a vela. Junto con los de Cook y la Perouse, fueron los tres grandes viajes científicos (y políticos) del siglo 18. Sin olvidar el de Bouganville y el de La Condamine, con quien también iban los marinos españoles Jorge Juan y Antonio de Ulloa. Es fácil que sepamos  más acerca de las misiones a Marte que de estas otras, que fueron sus equivalentes tripulados pero en el Siglo de las Luces. Seguro que si lo intentamos, encontramos similitudes fuertes entre ellos. Pero bueno, eran otros tiempos. La ciencia estaba avanzando tanto que  los sabios de la Ilustración imaginaron el Universo como un sistema determinista, lo que es lo mismo, totalmente predecible y controlable. Para intentarlo había que investigar mas, y en eso la comunidad científica se empleó a fondo reuniendo conocimientos que a su vez eran demandados y codiciados por la clase dirigente. Gobernar el universo era la opción ofrecida por los científicos de entonces.

Debió ser una sensación fantástica mientras duró. Dominio del conomimiento completo e incluso el futuro, en teoría se podría conocer. Hasta que Plank y Schröedinger  saltaron de la física clásica a la mecánica cuántica, las funciones de ondas y las amplitudes de probabilidad.

Me parece que en todas las épocas el ser humano ha disfrutado viéndose superior, especial y por supuesto, como el centro de cuanto más, mejor. Veamos una historia del egocentrismo. La Roma de Julio César era el centro del mundo. Esto era decir lo mismo que de todo el Universo. Colón destrozó esta idea. Ni la tierra era plana ni el centro podía estar en ciudad alguna. Bueno, qué mas da, la Tierra era el centro del sistema solar, hasta que Copérnico dijo que tampoco. Y ahora qué, ¿nos conformamos? Pues no, porque quedamos nosotros, el ser humano que es una criatura aparte, y somos el centro de la Creación. Llega Darwin y dice:  ejém, señores... sucede que...

Nos quedaba al menos el centro de la Galaxia, y allí nos pusimos mientras nos dejaron. Harold Shapley mostró que ahí no era, sino en un punto que al menos geométricamente, no es muy destacable del resto.  Luego Edwin Hubble descubrió que aunque todas las estrellas nos den la impresión de alejarse de nosotros, no significa que ocupamos el centro del Universo. Lo mismo pasa desde cualquier otro lugar, aunque se encuentre muy alejado de nosotros. Es lo que tiene estar en un universo en expansión.

No escapamos de la mediocridad y cualquier idea medianamente vanidosa, y nuestros sueños de ser especiales por alguna razón, acaban por los suelos hechos pedazos. Otra. No hace mucho que Michel Mayor y Didier Queloz descubrieron  el primer planeta extrasolar, 51 Pegasi b y desde entonces la lista no para. Por este camino la Tierra acabará siendo un planeta normal y corriente. Si bien no para nosotros, puede que llegue a ser uno mas entre otros muchos de una larga lista. Está por ver.

Bueno, ¿y qué? Cada vez que una ilusión de esas se ha desvanecido ha sido como si las paredes de nuestra casa se hubiesen convertido en humo. La primera sensación es de contrariedad y de desamparo. Habrá que levantar más paredes, vale. Pero detrás aparece una parcela mas grande. Algo así viene siendo (desde luego solo en parte) el progreso.

Podríamos concluir aquí que se nos habían acabado las ideas soberbias. Pero de pronto me he encontrado con el Principio Antrópico. Una forma de enunciarlo dice:

El mundo es necesariamente como es, porque hay seres humanos que se preguntan por qué es así.

Vale, un momento, otra equivalente es:

Si en el Universo se deben verificar ciertas condiciones para nuestra existencia, dichas condiciones se verifican, ya que nosotros existimos.

Confieso que conocía este principio desde hace tiempo, mucha gente lo conoce, pero yo había tenido una actitud de creérmelo; como muchas cosas que no entiendo, si lo dice gente con tanto talento, debe ser verdad, solo que yo no lo entiendo.

Pero aunque no lo entienda, me suena muchísimo a todo lo anterior, y en esa clave egocentrista sí que se entiende. Eso lo entiende cualquiera. A ver, que el Universo está ahí, porque yo estoy aquí. Vale. Pero a mí no me parece una razón consistente para justificar la existencia de un universo. A mí lo que me parece es que al Universo le importa un pepino que yo exista. Es mas, perdone usted, y lo digo con todo el respeto, pero creo que no le importa que alguien exista, sea quien sea. Una pregunta tan solo. ¿Cómo distingue el universo entre un pescadito de colores y yo? Porque yo me interrogo sobre mí, sobre el Universo y esas cosas, y el pescadito no. Pues antes de los seres humanos habían un montón de bichos no mas inteligentes que un pescadito y el Universo, ahí estaba. Pero a lo suyo.

En ocasiones se puede presentar una idea al reves, y da la impresión de que tiene lógica. Te paras, lo piensas, y luego te ríes. Oí una vez que una gallina es un procedimiento que ha desarrollado la selección natural para que así un huevo pueda dejar como descendencia otros huevos. Desde luego que era en broma, y no hay nadie por ahí que sea capaz de creerlo. Es justo todo lo contrario pero con una cosa estoy de acuerdo. Plantear las cosas al revés, a veces produce buenos resultados. Henry Ford proyectó una fábrica donde los materiales se movían y los obreros estaban quietos. Un señor llamado Singer imaginó una aguja de coser con el ojo en el extremo opuesto. Después inventó la máquina de coser. Pero este planteamiento no funciona con todo.

Hasta aquí las divagaciones del más humilde de la tierra, o sea, yo. Pero me alegro de poder ponerlo con el único riesgo de que me hagan ver que estoy equivocado. Lo que es probable. Porque el tema me cae grande y porque hay mucha gente muy inteligente que cree que es un principio muy cierto. También los hay en contra. No he encontrado formas divertidas de estar a favor, así que no os voy a aburrir con las formales. Sí que he visto una forma divertida de estar en contra.

En una conferencia de Steven Weinberg, sobre otro asunto, se refería no al principio, sino a lo que llama los razonamientos de tipo antrópico diciendo:

Si cualquier teoría de este tipo resulta ser correcta, entonces concluir que las constantes de la naturaleza han sido finamente ajustadas por un diseñador benevolente sería como decir, "¿No es maravilloso que Dios nos pusiese aquí en la tierra, donde hay agua y aire, y la gravedad y temperatura son tan confortables, en vez de en algún lugar horrible, como Mercurio o Plutón?" ¿En que otro lugar del sistema solar aparte de la tierra podríamos haber evolucionado?

Si esto es un principio, debería deducirse alguna consecuencia. Sobre eso no encuentro nada. En fin, como empecé diciendo, me había puesto a darle vueltas a la idea y solo hacía eso: estar dando vueltas y después volvía al mismo sitio. Pues me he quitado las pulgas del modo que ya está dicho. Para acabar, mejor si es con algo alegre. Hay una canción de Katie Melua que se llama Perfect Circle y dice “incluso andando en línea recta termino en un círculo perfecto...” Me viene al pelo. Luego repite: “Si más te rascas, más te pica”. Lo encuentro un estribillo antrópico.




Para ustedes, lo mejor. Y para quien quiera, hasta otra.
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