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domingo, 25 de diciembre de 2011

#23.- Mas te rascas, mas te pica.

Por una razón que no viene al caso, últimamente no puedo dedicar tiempo al telescopio. Entonces, en los ratos libres me entretengo algunas veces leyendo y ahora le he estado dando vueltas al Principio Antrópico.

Y al viaje de Malaspina.  Hojeo, leerlo sería muy largo, el Diario General del Viaje, de José Bustamante y Guerra, un marino ilustre. Es un poquito pesado, porque es eso, el diario, pero a veces da detalles fantásticos y se hace uno la idea de qué aventura más extraordinaria eran los grandes viajes a vela. Junto con los de Cook y la Perouse, fueron los tres grandes viajes científicos (y políticos) del siglo 18. Sin olvidar el de Bouganville y el de La Condamine, con quien también iban los marinos españoles Jorge Juan y Antonio de Ulloa. Es fácil que sepamos  más acerca de las misiones a Marte que de estas otras, que fueron sus equivalentes tripulados pero en el Siglo de las Luces. Seguro que si lo intentamos, encontramos similitudes fuertes entre ellos. Pero bueno, eran otros tiempos. La ciencia estaba avanzando tanto que  los sabios de la Ilustración imaginaron el Universo como un sistema determinista, lo que es lo mismo, totalmente predecible y controlable. Para intentarlo había que investigar mas, y en eso la comunidad científica se empleó a fondo reuniendo conocimientos que a su vez eran demandados y codiciados por la clase dirigente. Gobernar el universo era la opción ofrecida por los científicos de entonces.

Debió ser una sensación fantástica mientras duró. Dominio del conomimiento completo e incluso el futuro, en teoría se podría conocer. Hasta que Plank y Schröedinger  saltaron de la física clásica a la mecánica cuántica, las funciones de ondas y las amplitudes de probabilidad.

Me parece que en todas las épocas el ser humano ha disfrutado viéndose superior, especial y por supuesto, como el centro de cuanto más, mejor. Veamos una historia del egocentrismo. La Roma de Julio César era el centro del mundo. Esto era decir lo mismo que de todo el Universo. Colón destrozó esta idea. Ni la tierra era plana ni el centro podía estar en ciudad alguna. Bueno, qué mas da, la Tierra era el centro del sistema solar, hasta que Copérnico dijo que tampoco. Y ahora qué, ¿nos conformamos? Pues no, porque quedamos nosotros, el ser humano que es una criatura aparte, y somos el centro de la Creación. Llega Darwin y dice:  ejém, señores... sucede que...

Nos quedaba al menos el centro de la Galaxia, y allí nos pusimos mientras nos dejaron. Harold Shapley mostró que ahí no era, sino en un punto que al menos geométricamente, no es muy destacable del resto.  Luego Edwin Hubble descubrió que aunque todas las estrellas nos den la impresión de alejarse de nosotros, no significa que ocupamos el centro del Universo. Lo mismo pasa desde cualquier otro lugar, aunque se encuentre muy alejado de nosotros. Es lo que tiene estar en un universo en expansión.

No escapamos de la mediocridad y cualquier idea medianamente vanidosa, y nuestros sueños de ser especiales por alguna razón, acaban por los suelos hechos pedazos. Otra. No hace mucho que Michel Mayor y Didier Queloz descubrieron  el primer planeta extrasolar, 51 Pegasi b y desde entonces la lista no para. Por este camino la Tierra acabará siendo un planeta normal y corriente. Si bien no para nosotros, puede que llegue a ser uno mas entre otros muchos de una larga lista. Está por ver.

Bueno, ¿y qué? Cada vez que una ilusión de esas se ha desvanecido ha sido como si las paredes de nuestra casa se hubiesen convertido en humo. La primera sensación es de contrariedad y de desamparo. Habrá que levantar más paredes, vale. Pero detrás aparece una parcela mas grande. Algo así viene siendo (desde luego solo en parte) el progreso.

Podríamos concluir aquí que se nos habían acabado las ideas soberbias. Pero de pronto me he encontrado con el Principio Antrópico. Una forma de enunciarlo dice:

El mundo es necesariamente como es, porque hay seres humanos que se preguntan por qué es así.

Vale, un momento, otra equivalente es:

Si en el Universo se deben verificar ciertas condiciones para nuestra existencia, dichas condiciones se verifican, ya que nosotros existimos.

Confieso que conocía este principio desde hace tiempo, mucha gente lo conoce, pero yo había tenido una actitud de creérmelo; como muchas cosas que no entiendo, si lo dice gente con tanto talento, debe ser verdad, solo que yo no lo entiendo.

Pero aunque no lo entienda, me suena muchísimo a todo lo anterior, y en esa clave egocentrista sí que se entiende. Eso lo entiende cualquiera. A ver, que el Universo está ahí, porque yo estoy aquí. Vale. Pero a mí no me parece una razón consistente para justificar la existencia de un universo. A mí lo que me parece es que al Universo le importa un pepino que yo exista. Es mas, perdone usted, y lo digo con todo el respeto, pero creo que no le importa que alguien exista, sea quien sea. Una pregunta tan solo. ¿Cómo distingue el universo entre un pescadito de colores y yo? Porque yo me interrogo sobre mí, sobre el Universo y esas cosas, y el pescadito no. Pues antes de los seres humanos habían un montón de bichos no mas inteligentes que un pescadito y el Universo, ahí estaba. Pero a lo suyo.

En ocasiones se puede presentar una idea al reves, y da la impresión de que tiene lógica. Te paras, lo piensas, y luego te ríes. Oí una vez que una gallina es un procedimiento que ha desarrollado la selección natural para que así un huevo pueda dejar como descendencia otros huevos. Desde luego que era en broma, y no hay nadie por ahí que sea capaz de creerlo. Es justo todo lo contrario pero con una cosa estoy de acuerdo. Plantear las cosas al revés, a veces produce buenos resultados. Henry Ford proyectó una fábrica donde los materiales se movían y los obreros estaban quietos. Un señor llamado Singer imaginó una aguja de coser con el ojo en el extremo opuesto. Después inventó la máquina de coser. Pero este planteamiento no funciona con todo.

Hasta aquí las divagaciones del más humilde de la tierra, o sea, yo. Pero me alegro de poder ponerlo con el único riesgo de que me hagan ver que estoy equivocado. Lo que es probable. Porque el tema me cae grande y porque hay mucha gente muy inteligente que cree que es un principio muy cierto. También los hay en contra. No he encontrado formas divertidas de estar a favor, así que no os voy a aburrir con las formales. Sí que he visto una forma divertida de estar en contra.

En una conferencia de Steven Weinberg, sobre otro asunto, se refería no al principio, sino a lo que llama los razonamientos de tipo antrópico diciendo:

Si cualquier teoría de este tipo resulta ser correcta, entonces concluir que las constantes de la naturaleza han sido finamente ajustadas por un diseñador benevolente sería como decir, "¿No es maravilloso que Dios nos pusiese aquí en la tierra, donde hay agua y aire, y la gravedad y temperatura son tan confortables, en vez de en algún lugar horrible, como Mercurio o Plutón?" ¿En que otro lugar del sistema solar aparte de la tierra podríamos haber evolucionado?

Si esto es un principio, debería deducirse alguna consecuencia. Sobre eso no encuentro nada. En fin, como empecé diciendo, me había puesto a darle vueltas a la idea y solo hacía eso: estar dando vueltas y después volvía al mismo sitio. Pues me he quitado las pulgas del modo que ya está dicho. Para acabar, mejor si es con algo alegre. Hay una canción de Katie Melua que se llama Perfect Circle y dice “incluso andando en línea recta termino en un círculo perfecto...” Me viene al pelo. Luego repite: “Si más te rascas, más te pica”. Lo encuentro un estribillo antrópico.




Para ustedes, lo mejor. Y para quien quiera, hasta otra.
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lunes, 19 de diciembre de 2011

#22.- Gazpacho, por navidades también.

Yo soy uno de los oyentes de el Gazpacho Galáctico, un podcast hecho por aficionados en Aljaraque, al lado de Huelva, y que había conocido recientemente en la décima esfera, un blog que visito normalmente para salir con cosas que no sabía.

El Gazpacho es una iniciativa de un grupo de aficionados onubenses, conducido por Eduardo Fuentesal, que producen unos programas sobre astronomía en español, donde se habla de asuntos variados, todos interesantes para los que nos gusta esta afición, con estilo accesible y campechanote, entretenido de escuchar y donde no falta buen humor y buena música.



Sorpresa la mía, un día recibí una invitación para tomar parte en la grabación de uno de los programas. Quizás Juan Luis Glez. Carballo tuvo algo que ver en esto. A mí, a la recíproca, me gustaría oírlo a él, en la seguridad de que saldremos ganando los que ya seguimos este podcast. Quizás eso sea posible, esperemos.

Tengo que decir que mi primera reacción fue resistirme. Solo he empezado a escribir en público y ya me veo hablando en público también. Me pareció que no era eso para un humilde aficionado como yo. Más tarde, un cruce de correos y una conversación por skype con Eduardo me hicieron aceptar un puesto de pinche en esta cocina que estaba preparando el noveno gazpacho, y con el encargo de contar cosas sobre las estrellas variables.

Escribo esta entrada con propósito doble. Uno, en el caso improbable de que algún aficionado conozca el palomar y no conozca el gazpacho, que lo pruebe. Dos, agradecer a Eduardo Fuentesal, a Francisco Javier Alvarez y a Alfonso Gorostiza, junto con Carmelo Alvarez que se encargó de la grabación en la parte técnica, por su amabilidad conmigo. Todos me hicieron sentirme cómodo desde el primer momento y eso desde luego es de agradecer y por eso es normal que aquí lo diga.

Hubo estrellas variables, pero también Francisco Javier habló de la pérdida de la Fobos-Grunt y del vehículo Curiosity, que va camino de Marte. Alfonso lo hizo sobre el nacimiento y evolución de estrellas de baja masa y luego Francisco Javier se centró en dos objetos de espacio profundo, M77 y M74.  Todo con música de Francisco Silvera. Y este es el nueve. Hay ocho más.

Aquí hay visitas a veces de fuera de España. No sé si en todas partes se sabe qué es un gazpacho, no estoy seguro que sí. Las recetas se encuentran fácil en internet. Ahí mismo he encontrado la descripcion más antigua conocida.


Es un plato (en vaso, también) refrescante y riquísimo, y muy frecuente cuando hace la calor. De origen andaluz, como el podcast del que estamos hablando. Y como el blog que se encuentra usted leyendo. Ahí arriba dice (Diccionario de Sebastián de Covarrubias Horozco, de 1.611) que es comida de segadores y de gente grosera. Gente sencilla, seguro que lo eran. Pero lo que hacían, no. Hoy puede ser receta estrella en los mejores restaurantes.

He hablado ya otras veces de El Observador de Estrellas Dobles. Ahora El Gazpacho Galáctico. Estoy seguro de que nada de esto se hace sin esfuerzo, y de que detrás hay mucho trabajo entusiasta y generoso. Vamos bien, así que tenemos entretenimiento con astronomía de interés, en español, gratis y accesible, y éste último también en  iTunes para quien lo prefiera.


Pues gracias y buen provecho a todos.
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domingo, 18 de diciembre de 2011

#21.- Cuestión de perspectiva

Este mes de Diciembre, en Cadiz un día serían las cinco de la tarde cuando iba andando por el Paseo Marítimo que va al lado de la Playa de la Victoria. Por unos claritos ente las nubes se veían los rayos del sol, y supongo que por la humedad del aire destacaban contra el fondo oscuro. Me llamó la atención que los rayos de luz se veían radiales y me puse a pensar que a la distancia de la Tierra al Sol, esas líneas debían verse paralelas. No siendo así, y teniendo otra cosa que me preocupaba entonces, saqué el teléfono movil, hice una foto y me fui.


Esta playa es casi recta, en dirección NNW y si la tierra fuese plana la linea de visión de esta foto, que sale perpendicular a la costa, pasaría entre Madeira y las Canarias y llegaría a la Guayana Francesa.

Ahí enfrente, navegando en paralelo a la playa y a unas dos millas de aquí, en dirección SSE (de derecha a izquierda en la foto) hubiésemos visto hace 206 años a los 34 mejores navíos de guerra franceses y españoles juntos en fila hacia Trafalgar, muy cerquita de aquí mismo. A machacar barcos ingleses. Ellos eran 27, pero la cosa no fué como esperaban y salimos machacados. Ese día era Octubre, pero el cielo podía ser parecido a este y la tormenta del día siguiente acabó con muchos de los que salieron vivos de la batalla. En números redondos fueron 5.000 muertos, 3.500 heridos y 8.000 prisioneros que nadie recuerda. A los almirantes y comandantes sí. Se cantaba en unas sevillanas de hará 25 años lo menos: Cuando mueren los famosos todo el mundo lo lamenta. Cuántos pobrecitos mueren y nadie los tiene en cuenta. Como si un record Guiness fuese se libró la mayor batalla naval de la historia y despues, a otra cosa.

Yo también seguí a lo mío y la foto se quedó guardada, cosa que en mi caso podría ser por mucho tiempo porque no tengo costumbre de usar el telefono mas que para llamar o recibir llamadas.

Unos cuantos días mas tarde he pasado de nuevo por el mismo sitio y me he acordado. Saqué la foto y me he puesto a averiguar por qué si los rayos del sol cuando nos llegan son paralelos, no daban ninguna impresión de serlo. Las trazas parecían salir de un punto que estuviera solo un poco por encima de las nubes. Despues de darle vueltas un rato, la solución me sonó en la cabeza como el eslogan de campaña de Bill Clinton, "La economía, estúpido", pues lo mismo, la perspectiva, eso, que tenía que haberme dado cuenta.

Para representar las cosas hay perspectiva axonométrica, diédrica, caballera, pero los ojos y las cámaras fotográficas ven según una perspectiva cónica. Aquí los elementos principales son la línea de tierra, de horizonte y los puntos de fuga. Un punto de fuga es donde convergen todas las líneas que son paralelas. Cada dirección tiene un punto de fuga distinto y para los rayos solares, este punto es coincidente con el Sol. Son paralelos, es cierto. Pero en cónica las paralelas son un radiante con centro en el punto de fuga. Y una vez visto, todo esto es solo una tontería en el fondo.


La perspectiva está ligada al punto de vista. Los astrónomos han cometido errores de perspectiva ( las estrellas están pegadas a una esfera de cristal puro que da vueltas alrededor de la tierra, etcétera...) y también han sabido aprovecharse, midiendo distancias a las estrellas más próximas mediante la paralaje estelar. Es probable que siga siendo el origen de aciertos y desaciertos durante lo que queda por venir. 

Y ya que estamos con esto, hay un caso que es común y yo estoy seguro de que nos ha pasado a todos. Se trata del tamaño extrañamente mayor de la luna llena cerca del horizonte y justo en la salida y la puesta. La Luna, cuando está llena y sale temprano por la noche la vemos redonda y muy gorda en el momento de despegarse del horizonte, y a medida que va subiendo en el cielo va tomando su tamaño normal hasta que no llama la atención de nadie.


¿Es de verdad mayor cuando aparece, que cuando está encima de la cabeza, o se trata de un efecto óptico? Las ilusiones ópticas son de muchas clases y algunas son verdaderamente sorprendentes. Resulta que el ojo se deja engañar por muchos caminos diferentes. La imagen a continuación es un efecto óptico. Los dos monstruitos tienen el mismo tamaño.


Estamos hablando de la luna, de efectos ópticos y de perspectiva. Vamos a dar algunos saltos entre estas cosas. Lo anterior era un efecto. Lo siguiente es perspectiva. Uno de los viajes que tengo más ganas de hacer es para ir a ver un eclipse total. Donde sea. Solo descarto un sitio y es en la Estación Espacial Internacional. Pero también es buen sitio para verlos. Turquía arriba y parte de Chipre abajo. Eclipse total de Sol del 29 de Marzo de 2.006. La mancha negra es la sombra de la luna.


Bueno, volvemos. Hay que acabar de decidir si la luna tiene el mismo tamaño cuando sale que cuando está arriba. La forma mas sencilla de salir de dudas es desde luego muy fácil. Se mide y ya está.


La foto anterior es un efecto. Otro efecto de perspectiva. Lo que pasa es que no hacemos caso pero la encontramos en todas partes. Los astrónomos aficionados podemos medir el diámetro del disco lunar de otra manera. Tenemos telescopios. A simple vista por el ocular se debe ver que no cambia. Se puede parar el motor y medir el diametro por el tiempo que tarda en pasar por un hilo del ocular. Cualquiera puede comprobarlo si quiere, pero hay otra forma sencilla e ingeniosa que voy a poner aquí ahora. Tome una cámara de fotos y comenzando a la hora de salida de la luna superponga imágenes tomadas cada dos minutos y medio. El fotógrafo Shay Stephens lo hizo en Seattle. Pusieron su foto en APOD. Y además quedó muy bonito. Pero el diámetro en todas las imágenes del disco lunar es el mismo todo el tiempo.


Además nos damos cuenta de que a medida que va subiendo se nota que se va poniendo menos roja. Esto tambien se ve a simple vista y afecta tanto a la luna como a las estrellas. La razón es la misma que hace que el cielo sea azul y los atardeceres rojos, y es un factor que debe ser tenido en cuenta por quienes hacen fotometría CCD con filtros y se proponen alcanzar una precision alta en sus medidas. Aunque no esten apuntando tan bajo. Pero esto es más complicado y no tiene sitio aquí. Para otro día.

La conclusión es que cuando la luna parece más gorda a la salida, en realidad tiene el mismo diámetro que el resto de la noche. Lo que sucede es que somos de nuevo víctimas de una ilusión óptica. Y la perspectiva tiene que ver con eso. Es complicado y hay estudios serios de esto que llaman moon illusion o ilusión lunar, y parece ser que cuando está cerca del horizonte, la perspectiva juega al ojo una mala pasada.

Lo que sea. Tenemos suerte de ver la cara de la luna llena más gorda cuando sale, incluso si no es verdad, porque resulta más bonito. Y siempre viendo la misma cara. Tendremos que seguir sin ver el lado oscuro de la luna. El lado oscuro... de la luna... ummm... eso a mí me está sonando a otra cosa.

El lado oscuro de la luna...
"¡Pastillas!      ¡Ahora!"


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viernes, 2 de diciembre de 2011

#20.- Galileo y Neptuno

La entrada anterior a esta hablaba del libro El Cielo de Colón, de Jose Luis Comellas y de como el autor se fija en las anotaciones del Almirante sobre el comportamiento de la aguja del compás. Lo que a Colón le estaba confundiendo era lo que se conoce hoy como variación de la declinación magnética, una característica del campo magnético de la tierra y que era desconocida por entonces. Lo observó, lo anotó en su diario y ahí se quedó. El resto del diario explica por qué tenía cosas mas importantes a las que prestar atención.

Esto me trajo a la cabeza un caso parecido que leí hace mucho. Tenía que ver con Galileo y con Neptuno. Me fui a los estantes y allí estaba. Investigación y Ciencia. Febrero de 1981. Hay un artículo titulado Galileo observa Neptuno, por Stillam Drake y Charles T. Kowal. Es un caso curioso que parece una casualidad pero no lo es en absoluto, y trata de un trabajo de hace casi cuatrocientos años, que resulta útil bastante tiempo después.

Estos señores, los autores, estaban refinando los parámetros de la órbita de Neptuno. En 1.980 aún no había completado una órbita completa desde su descubrimiento en 1846, ya que para hacerlo necesita 165 años. A ver, 1.846 + 165 = ¡2.011!, pero si este año en que estamos es su primer cumpleórbitas, y nadie le ha hecho una fiesta. Serán cosas de la crisis. A ver si para el próximo, en el siglo 22 nos van mejor las cosas.

Los autores estaban interesados en encontrar observaciones antiguas de Neptuno. Ellos querían calcular hacia atrás, y mirar el error de los cálculos comparándolos con esas observaciones. Ya habían visto datos de posición en un catálogo de Joseph Lalande de 1.795, confundido con una estrella fija y así le encontraron un error de 7 segundos entre la posición calculada y la observada. Por lo visto, eso es para preocuparse. Pero hacen falta más datos.

Entonces idearon otra forma de encontrar observaciones antiguas, que consiste en buscar ocultaciones de Neptuno por los demás planetas. De este modo habría más probabilidades de encontrar a alguien que hubiese estado mirando. Una ocultación de Neptuno por Júpiter se produjo en Enero de 1.613. Y según el libro de notas de Galileo, que se conserva en Florencia, en esos días había estado obsevando. No hay más que hablar. Allí se fueron y oh, sorpresa, lo encontraron.

Galileo apuntó su telescopio al cielo por primera vez en 1.609. En 1.612 ya era un observador con mucha experiencia, y había desarrollado una rejilla montada sobre el tubo con la que mirando con un ojo por el ocular, y con el otro por la rejilla, era capaz de medir diámetros de los planetas y distancias entre objetos. Astrometría, que lo llamamos ahora. Igual entonces no tenía ni nombre. Pues para mi asombro, no sé si también para ustedes, los autores dan tanta precisión a las observaciones de Galileo, que se plantean si hay que revisar los cálculos modernos sobre la órbita de Neptuno, porque da una pequeña diferencia entre la posición anotada en el cuaderno y la calculada con los parametros actuales para esa órbita. No es poco. Para usar esos números han deducido que es necesaria una corrección, debido a la aberración de las lentes de aquel tiempo, que hacían ver el planeta con un diámetro mayor. Este factor es de 1'1, y con esa corrección tan simple, todo encaja. Las posiciones de las estrellas fijas, y sobre todo las de los satélites de Júpiter. Y para Neptuno, resulta un pequeño error. De eso trataba su trabajo, pero a nosotros nos interesan las observaciones.

Galileo estaba haciendo tablas para predecir el movimiento de los satélites galileanos. Medíceos que los llamaba él. Las distancias las anotaba ayudado por su rejilla, en términos de diámetros de Júpiter. En la madrugada del 28 de Diciembre de 1.612, en unos días harán 399 años de esto, Galileo dibujó en su cuaderno a Júpiter con los satélites y una línea de puntos hacia una estrella, al lado de la cual escribe: "fixa". Esa misma noche hizo otro dibujo igual, donde los satélites ya se habían movido. La única casualidad de esta historia es que la estrella que Galileo tomó como fija era en realidad, Neptuno. Y que este año es su cumpleórbitas, se me olvidaba.


Aseguran que lo que vio era Neptuno porque en primer lugar, su magnitud, de 7'8 no deja dudas de que era visible. Además, formaba con la línea de los satélites un ángulo igual al dibujado. Y por otra parte no había otro objeto brillante en la posición indicada. Galileo anotaba estrellas fijas para seguir el movimiento de Júpiter. Del 28 de Diciembre al 2 de Enero no pudo observar más por tener el cielo nublado. Su siguiente anotación en el cuaderno pone: "dudoso debido a las nubes". Arriba se ve. Y tachó la entrada. A quién no le ha pasado algo así?

Me he ido a Skymap, he simulado esa noche, y alrededor de las 02:00 UT, coincide la posición de los satélites con el primer dibujo de Galileo. Y efectivamente, muy cerquita de Júpiter y coincidiendo con la dirección de la linea de puntos de su croquis, está Neptuno.


El 2 de Enero vuelve a observar pero cambia de estrella fija. Ahora es SAO 119234(=GSC 00280-00824=TYC 280-824-1), de magnitud 6'98, que es más brillante que Neptuno. Sigue usando esta estrella como referencia hasta el 28 de Enero, donde la sitúa a 29 radios jovianos. Y parece darse cuenta que la antígua referencia se ha movido. Aquí es donde está la clave. Esa noche escribe (llamando 'a' a SAO 119234, y 'b' a Neptuno): "Más allá de la estrella fija 'a' le seguía otra en la misma línea tal como [hace] 'b', que fue observada también la noche anterior, aunque [entonces] parecían encontrarse más separadas". Y dibuja aparte un croquis a escala, porque al incluir a Júpiter, Neptuno se le salía de la página de su pequeño cuaderno. 29 cm de alto pero 9'5 cm de ancho que sería el A4 de la época, digo yo.


Uno de los autores (Drake) sostiene que el trabajo de anotar a escala la posición de estos dos objetos indica que pretendía seguir observando y comparando en sucesivas noches. Pero han buscado en el cuaderno y no hay más referencias posteriores a esta fecha. Después de haber escrito eso, parece haberse olvidado. Quizás fuese el mal tiempo, y que en las observaciones posteriores, los tres objetos, Júpiter con los satélites, SAO 119234 y Neptuno, ya no cabían en el campo de su telescopio .

El Doctor David Jamieson, Director de la Escuela de Física de la Universidad de Melbourne, otro investigador de los cuadernos de Galileo cree que sería posible saber si Galileo realmente cayó en la cuenta de que su objeto se movía o no, y tiene un artículo con conclusiones muy curiosas sobre este mismo tema en internet.

Volviendo al asunto, de nuevo Skymap y supongo que cualquier otro, confirma las posiciones anotadas en el cuaderno.


Tomo la distancia entre Júpiter y SAO 119234 directamente de la pantalla y me da una separación de 10' 25". Galileo midió 29 radios de Júpiter. Aplicando la corrección por aberración de la lente, serían 32. El radio de Júpiter es de 19' 54", que por 32 son 10' 24". Es asombroso con esos medios y en una persona que estaba inventando la observación con telescopio en aquellos días.

Es una lástima que abandonase el interés por Neptuno. He sacado las trayectorias de Neptuno y Júpiter entre las dos observaciones de Diciembre y Enero, para darme cuenta de que de seguir observándolo, hubiese apreciado fácilmente el movimiento de Neptuno sobre el fondo.


Supongo que de haber seguido, Galileo hubiese contado con otro hallazgo para apoyar su lucha por el sistema heliocéntrico y para sumar méritos a los que ya tenía, con sus trabajos sobre las montañas de la luna, las manchas solares, las fases de Venus, los satélites de Júpiter, los anillos de Saturno, los periodos de oscilación del péndulo, la caída de los cuerpos pesantes y las ley del movimiento uniformemente acelerado. De haber seguido observando, Neptuno se habría descubierto 234 años antes y además, cosa curiosa, se habría descubierto el octavo planeta del sistema solar antes de descubrir el séptimo.

En fin, como Colón, Galileo tenía la cabeza puesta en otra cosa y al final no le cupo a él el descubrimiento. Pero su observación tampoco es inútil, ya que casi cuatrocientos años más tarde, ha ayudado a refinar los parámetros de la órbita de Neptuno. Merece la pena guardar las cosas. Y también como en este caso trabajar para buscarlas. Por eso sólo encuentro una casualidad en esta historia, que la estrella fuese finalmente Neptuno pero lo demás es trabajo de unos y de otros.

También como Colón, Galileo dejó anotado todo lo que veía. Celebremos esa costumbre. Con los registros de Tyco Brahe encontró Kepler las trayectorias correctas de los planetas del sistema solar. Observaciones en escritos chinos y árabes han permitido fechar la explosión de la supernova que dio origen a la nebulosa del Cangrejo en el año 1054. El tapiz de Bayeux, y algunos salterios medievales proporcionan apariciones adicionales del cometa de Halley. Creo que ninguna de estas observaciones se registraban sabiendo para qué iban a servir finalmente. Esto a nosotros los astrónomos aficionados nos debería animar para enviar nuestras observaciones a una asociación donde puedan ser conservadas y consultadas cuando haga falta. Hay muchas dependiendo de lo que estemos observando. Una observación no enviada es una observación perdida. Y nunca sabemos cuánto puede haber de útil en cada una de ellas.

Parecido al caso de Galileo, leo en la decima esfera que el aficionado cordobés Manuel Barco, de Pozoblanco, fotografió una supernova en M51 el día antes de ser descubierta. No se fijó en la supernova porque seguro que también tendría su interés puesto en otra cosa. Pero su imagen fue la primera tomada a esta supernova entre aquellas de las que se tienen noticias. El descubrimiento se lo han dado a otra persona, sin embargo ese fichero en formato fits debe ser muy valioso para los que están ahora siguiendo la curva de evolución de este objeto, por ser la más próxima al estallido. Espero que esta entrada le sirva de consuelo, y que vea ejemplos de que este tipo de cosas le pueden pasar a cualquiera. Lo que es seguro es que solo sucede a quien pasa tiempo al pie del cañón. Por tanto con descubrimiento o sin él, como ha merecido la pena merece también la enhorabuena de todos.


Feliz cumpleórbitas, Neptuno. Y que cumplas muchas más.
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